lunes, 27 de abril de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Angie
Algunas veces al día me descubro ensayando diálogos en mi mente. Las cosas que te diría, cómo me responderías, aquello que agregaría yo al respecto...Me interno tanto en el tema de conversación, que hasta me olvido que vengo escuchando una canción y que la próxima estación es la mía.
Lo cierto es que, es un muy buen ejercicio cuando se tiene tanta imaginación, y un poco también una tortura.
Por eso, afortunadamente, aprendí a censurarme; a descartar todo argumento que jamás podré profundizar a viva voz.
miércoles, 15 de abril de 2009
Just like heaven
Definitivamente estábamos compartiendo un momento especial, aunque algo en vos de golpe me sobresaltó...
Querido Akinator, que me adivinaras a Osito de Gran Hermano y a la Pequeña P, simplemente, me superó...
domingo, 5 de abril de 2009
all tomorrow's parties
...Y Elías tenía miedo de vivir sin su tristeza, recuerdo que solía alardear sobre como su vida de desengaños lo hacían una persona mucho mas interesante. El creía que estar paralizado frente a sus circunstancias era una pose que tenia que sostener cueste lo que cueste, a veces reía al decirlo y no temía hacerlo, pero lo cierto es que no podía imaginarse a si mismo de otra manera, era todo "cuestión de actitud". Había hecho de la autocompasión un estilo de vida. Curiosamente no causaba pena ni se le apetecía a uno gritarle que era patético; mas bien nos recordaba a ese rock star de los 60s que hacía de la desgracia algo mágico y embelesante. Estar con él era presenciar como la nostalgia y la ternura invadían la habitación. Uno sabía que estéticamente todo eso le resultaba muy bien: su pelo jamás podría estar peinado, los fantasmas del pasado jamás podrían estar ausentes. Lo paradójico es que había algo de desorden en él, pero que se sucedía con perfecta disposición y armonía. Y aun así, a pesar de que todo funcionaba con cierto innegable encanto, no podías evitar querer verlo arrojarse a la vida sin ese elegante pesimismo. Daban ganas de arrancarle las hojas de su biografía e invitarlo a bailar nuevas músicas, se le antojaba a uno gritarle que esa lágrima en su ojo era un accesorio de la temporada pasada al igual que su sobretodo gris de temores. Nunca lo hicimos. No hubiese habido caso; la obstinación también formaba parte de su look, y las paredes de su cuarto estaban recién pintadas de amarillo melancolía. Permanecimos a su lado cada vez que nos lo permitió, y ahora tal vez algo de nosotros haya quedado guardado en ese cajón de su mesa de añoranzas...domingo, 29 de marzo de 2009
Comenzó a bajar lentamente por los escalones que crujían a cada paso. Tuvo que sostenerse de la baranda, ya que la tímida lamparita del pasillo no alcanzaba a alumbrar su camino. El viento afuera hacía bailar a las ramas que no intentaban disimular sus ecos de noche de juerga. Adentro solo quedaban la resaca, el silencio y un camisón que cubría hasta los tobillos. El corazón se le aceleraba, la escalera se ponía mas y mas crujiente, y lo que había al final de ella no era del todo predecible.Segundos antes, un ruido cercano y estrepitoso la había obligado a salir de la cama tratando de no despertar a quien últimamente solo se limitaba a dormir a su lado. Pero al final de la escalera no pudo encontrar aquello que tan abruptamente la despertó y, durante un largo rato, lo único que pudo oír era el sonido de las agujas de ese reloj que ya daba las 4.15.
martes, 3 de marzo de 2009
miércoles, 7 de enero de 2009
Frontera del destino
Se despertó por uno de esos estruendos que ya no la sorprendían, pero que aún hoy seguían cortándole la respiración. Adentro era 31 de diciembre, afuera en cambio, el sonido estrepitoso de las explosiones nada tenía que ver con alguna especie de celebración o festejo. Era la primera vez que realmente extrañaba las veladas de fin de año en casa. No solo extrañaba, hubiese dado cualquier cosa por estar en su hogar reunida con familiares –incluso con aquellos que la irritaban– formando parte del ritual de contar los minutos que faltan para el año próximo, evento que siempre tan ridículo le pareció. Recordó de pronto como entre llantos y palabras de desconsuelo se había despedido una vez más de todos sus seres queridos en el aeropuerto de Ezeiza, para arribar luego en Barajas y desde allí conectar con Tel Aviv.
Se había despedido de todos, menos de él. Él, a quien había conocido años atrás en Barcelona, viaje que realizó como chiquilla recién graduada de la facultad de medicina y que se extendió más de lo previsto. Él, que la embelesó con sus encantos de tipo experimentado, desterrado y altruista, y que en medio de un romance tan exaltado como efímero, la llevó a transitar la calle Nou de la Rambla en busca del número 26.*
De hecho fue gracias a él que ella empezó a realizar misiones, apresurándose a vivir una vida que pronto no podría concebir de otra manera. Es que de algún modo no sádico, el sufrimiento ajeno la hacia sentir mejor con ella misma. En realidad era el hecho de poder sentir que hacia algo para combatirlo o al menos mermarlo; algo que a su vez le permitía expresar sus valores de eterna adolescente y algo que, en ultima instancia, la uniría siempre a él.
Los escasos 70 Km. que separan Tel Aviv de Gaza no fueron fáciles de transitar. Pero no era la primera vez que realizaba una misión en el terreno para Médicos Sin Fronteras y de alguna manera sabía y temía que cualquier cosa era de esperar. A medida que se acercaba a la franja y el sosiego decrecía, iban esfumándose los recuerdos de su antiguo romance, y al incrementar la tensión, dejaba de sentir la pena que sienten aquellos que renunciaron a creer en el amor. La calma no era moneda corriente en esos días; el servicio meteorológico preveía bombardeos aéros con extrema frecuencia y así fue como diciembre transcurrió sin un breve respiro.
Su anteúltimo pensamiento fue para él, a quien nunca pudo olvidar. Lo recordaba con cierta ternura y odio, pero también con gratitud y admiración. Su último pensamiento sin embargo, fue dedicado a sus padres, a quienes les falló en la promesa de volver sana y salva a casa. Era 31 de diciembre del 2008 y, en el hospital de Shifa, la herida que tenía por el impacto de un proyectil en su vientre le indicaba que ya no llegaría a presenciar la tregua del amanecer del año nuevo.
*Sede central de MSF en Barcelona

